DETOX: DE LA “A” A LA “Z”

detox

Cada vez son más los artículos, posts y anuncios que vemos sobre planes de comida o batidos detox. ¿Pero realmente hay algo de cierto en ello ? Antes de responder a esta cuestión, creo que es muy interesante repasar la fisiología básica de nuestro hígado que es el principal encargado de eliminar las substancias de deshecho. Sólo así comprenderemos de qué se habla cuando nos referimos a « detox » .

¿Cuál es la función principal del hígado?

El hígado es un órgano muy importante en el cuerpo, sin el cual, no es posible la supervivencia. En rasgos generales, tiene las siguientes funciones : 

  1. Metabólica: se encarga de transformar los macronutrientes (carbohidratos, glúcidos y proteínas), las vitaminas, los oligoelementos y de forma indirecta participa en la regulación del balance hidrosalino.
  2. Digestión: gracias a la síntesis de sales biliares (“la bilis”), permite disolver las grasas y vitaminas liposolubles presentes en los alimentos que ingrimos para que estos puedan ser absorbidos. También tienen un papel en la regulación de los niveles de colesterol, ya que las sales biliares primarias se forman a partir de esta molécula, regulando así el balance entre síntesis y eliminación.
  3. Detoxificación: es capaz de transformar substancias potencialmente dañinas (tóxicos, fármacos, productos de desecho del metabolismo) en substancias no dañinas. Concretamente, se encarga de modificar estos compuestos solubles en grasa para que sean solubles en agua (hidrosolubles) y así poder ser eliminados de nuestro cuerpo por la orina.
  4. Hormonal: se encarga de fabricar proteínas que se unen a las hormonas y permiten que estas viajen por la sangre (proteínas de transporte) y, por otro lado, de eliminar hormonas esteroideas y peptídicas.

¿Cuál es su rol en la desintoxicación del cuerpo? 

Antes de responder en detalle a esta cuestión, vamos a aclarar qué es una toxina: 

“Se define como tóxico/a toda sustancia química que, actuando a través de una vía determinada, es capaz de ejercer una función patológica a concentraciones relativamente pequeñas” según se  describe en el Manual de Patología general. Y se llama “intoxicación” a las manifestaciones que surgen en nuestro cuerpo a causa de ellas. Entonces, nuestro hígado es el encargado de transformar estos tóxicos en subproductos carentes de potencial de hacer daño. Los que son solubles en grasa, se eliminarán con la bilis y formarán parte de las heces. Mientras que los que son solubles en agua, irán a los riñones para ser eliminados por la orina, o bien, a los pulmones en caso de ser substancias con capacidad de volatilizarse (transformarse en gas, como el CO2 o el acetato).

¿Existen los detox de hígado?¿Debemos hacerlo para ayudarlo a funcionar mejor o es un mito?

En los últimos años han proliferado pautas de alimentación, packs de zumos y suplementos que prometen ejercer un efecto “detox” en el hígado. Incluso algunos prometen hasta eliminar las piedras de la vesícula ahorrándonos una cirugía. 

Uno de los métodos más conocidos es el de Andreas Moritz, que lo publicó en su libro “Limpieza hepática y vesicular”, siendo un best-seller. ¿Pero qué hay de cierto en ello? Veamos su propuesta:

  • El día 1 ingesta libre de zumo de manzana y zumos de vegetales hasta las 18h. Sin tomar nada de sólidos. A las 18h tomar 600ml aceite de oliva y 300ml de zumo de limón.

Unas 12-24h después la persona empezará a expulsar por las heces piedras de color amarillo-verdoso, supuestamente toxinas y cálculos en la vesícula. Pero si los analizamos en el laboratorio… resulta que se trata de jabón. Hemos producido dentro de nuestro cuerpo, al más puro estilo Quimicefa, una reacción de saponificación al someter a enzimas digestivas e hidróxido de potasio (parte de las sales biliares) la mezcla de aceite y zumo de limón. 

Obviamente, no debemos realizar esto en casa, ya que a parte de no detoxificar nada existe riesgo de causar una obstrucción intestinal por el acúmulo de estas “piedras”.

Así pues, más que gastarnos el dinero y poner todas nuestras esperanzas en supuestos batidos detox y otros falsos profetas, debemos cuidar nuestra alimentación: se trata más de lo que NO comemos, que de lo comemos. Ya que la detoxificación no la realiza ningún alimento, sino que es una función que recae exclusivamente en nuestro hígado.

De forma resumida, los factores que dependen de nosotros para combatir el efecto de los tóxicos son:

  • Edad: en niños y ancianos, por inmadurez de los órganos en los primeros y por vejez en los segundos, hay menos capacidad de detoxificar. Pero no es algo que podamos controlar.
  • Sexo: el metabolismo no es igual en hombres que en mujeres, existiendo diferencias influenciadas por el ambiente hormonal. De nuevo, esto no lo podemos modificar.
  • Grasa: existe una mayor acumulación de toxinas solubles en grasa en el tejido adiposo. Esto sí que podemos modificarlo, reduciendo el exceso gracias al deporte y una dieta equilibrada.
  • Raza: hay pequeñas variaciones en algunas de las enzimas (como polimorfismos en las isoenzimas CYP) que pueden conferir una mayor o menor capacidad de eliminar ciertos tóxicos. Esto tampoco es algo que podamos modificar.
  • Susceptibilidad individual: diferencias entre personas a causa de la genética o bien los hábitos, como en el caso de las personas consumidoras habituales de alcohol, cuyas encimas para detoxificarlo se encuentran en mayor proporción que aquellas abstemias o que raramente lo consumen. Es fácil entender que, por tanto, si una tiene sus enzimas “más entrenadas” va a deshacerse de ese tóxico – en este caso el alcohol- antes que una que no las utilice habitualmente. Así pues, alguien abstemio puede embriagarse con menor cantidad de alcohol que alguien que lo consuma a diario.
  • Presencia de lesiones en órganos detoxificantes: este punto, junto con la cantidad de tejido graso corporal, son los únicos dos que podemos controlar. Así pues, un hígado o riñones enfermos ven disminuida su capacidad de detoxificar y/o eliminar. Debemos evitar el consumo de substancias dañinas como el alcohol, el tabaco o las drogas.

¿Qué tóxicos tenemos a nuestro alrededor? fármacos, materiales de construcción (absesto, amianto), alimentos ricos en metales pesados (el mercurio en el atún), insecticidas organofosforados, monóxido de carbono y otros gases o compuestos tóxicos presentes en el aire contaminado. 

¿Cómo saber si tu hígado está presentando algún problema? ¿cuáles son los más comunes y porque surgen?

Los problemas en el hígado pueden presentar multitud de síntomas, la mayoría inespecíficos. Sin embargo, raramente vamos a sentir dolor – que es, tal vez, el síntoma que más nos alarma- ya que no posee receptores para transmitir esta señal, salvo en la cápsula que lo envuelve. Así, pues, sólo sentiremos dolor si hay una lesión rápidamente progresiva – como inflamación aguda o un tumor- que aumente el tamaño del hígado causando la distensión de esta envoltura. Las otras manifestaciones se derivan por la pérdida de funciones, como por ejemplo, la ictericia -ponerse “amarillo”- por acúmulo de la bilirrubina. La ascitis, que es tener la barriga hinchada por acúmulo de líquido libre, cuando este falla en la síntesis de proteínas. Las hemorragias si falla la síntesis de factores de coagulación, como la vitamina K. O algunas alteraciones como el crecimiento de senos en hombres (ginecomastias) por alteraciones hormonales.  Muchas de las alteraciones citadas, pueden reflejarse en una simple analítica de sangre: elevación de la bilirrubina, alargamiento del tiempo de coagulación, marcadores de inflamación (transaminasas y LDH)

¿Cómo podemos ayudar al hígado a desarrollar su función?¿qué hábitos adoptar o qué alimentos comer?

Basándonos en la información de la pregunta anterior, la respuesta es más fácil (y económica) de lo que creemos. Se trata, simplemente, de llevar una vida saludable entendida como: una alimentación saludable con alta presencia de alimentos vegetales, hacer deporte, no fumar ni consumir otras drogas y hacer baños de naturaleza, si no nos resulta posible irnos de la ciudad.

En cuanto a las recomendaciones alimentarias:

  • Reducir todo lo posible pescados con alto contenido de mercurio (atún rojo, cazón, lucio, tintorera, pez espada) y evitarlo en embarazadas, lactancia y niños menores a 10 años. En niños entre 10-14 años se recomienda como máximo 120 gr al mes.
  • Reducir la carne de caza, por la contaminación en plomo (presente en la munición utilizada para abatir los animales). Evitar cocinarla en escabeche (ya que el plomo se transfiere fácilmente al vinagre). Evitar en embarazadas, madres lactantes y niños menores de 7 años.
  • Reducir o evitar el consumo de algas hiziki, priorizando otros tipos, debido a la presencia de arsénico.
  • Reducir el consumo de alimentos ricos en nitratos, como embutidos y otras carnes procesadas. Así como algunos aditivos alimentarios (conservantes) a base de nitratos.

¿Qué daño presenta el sobrepeso en la función del hígado? ¿Ayunar es bueno o malo para el hígado?

El sobrepeso, entendido como el exceso de tejido adiposo, no sólo afecta a las cartucheras o la barriga. Sino que la grasa más peligrosa es aquella que no vemos, la que infiltra nuestros órganos, conocida como “grasa visceral”. En el hñigado este acúmulo de grasa lo transforma en un foie gras, médicamente conocido como “enfermedad hepática grasa no alcohólica” para diferenciar la causa, porque anatomopatológicamente se observa el mismo tipo de inflamación y daño celular que en una hepatitis por consumo de alcohol. Es una enfermedad normalmente asintomática, caracterizada por una elevación persistente y moderada de las transaminasas y/o hepatomegalia (aumento de tamaño del hígado). Las transaminasas son MARCADORES DE INFLAMACIÓN (citólisis: ASAT/GOT, ALAT/GPT) y LDH. Estas enzimas son libreadas al plasma cuando la inflamación rompe la membrana de las células, permitiendo su paso a la sangre y posterior cuantificación. 

Para diagnosticarlo, además de la analítica, se puede realizar una ecografía que mostrará un hígado infiltrado de grasa y aumentado de tamaño.

Esta inflamación, si se mantiene en el tiempo, puede evolucionar a cirrosis e incluso un cáncer de hígado. Por tanto, es importante no dejarlo estar a pesar de que no nos duela. El tratamiento es muy sencillo: disminuir un 7-10% del peso corporal por año. Y no más, puesto que perder más peso supondría empeorar la inflamación ya que el hígado tiene una capacidad limitada para eliminar la grasa por las heces y todo lo que no podamos eliminar se acumulará en el hígado, viéndose reflejado en un aumento de la transaminasas y el colesterol. Es decir, que podría ser peor el remedio que la enfermedad.

En cuanto a fármacos, se ha visto que pueden ser de ayuda antidiabéticos como la metformina, las tiazolidindiona o las glitazonas. Así como la cirugía bariátrica, aunque ambos no están exentos de riesgos. 

¿Qué tipo de suplementación recomiendas para la salud de tu hígado?

Vitamina E a través de los alimentos, como el aceite de oliva virgen extra o el aguacate, debido a sus propiedades antioxidantes ayuda a combatir los radicales libres generados por la inflamación. En forma de suplemento no ha demostrado ser efectivo.

Café 2-4 tazas al día, ya que se ha demostrado que aumenta la actividad de las enzimas hepáticas encargadas de la detoxificación. Mejorando así la esteatosis (grasa en el hígado) y la fibrosis, reduciendo el riesgo de evolucionar a cirrosis o cáncer de hígado (hepatocarcinoma).

¿Cuál es la relación entre el deporte y el buen funcionamiento de nuestro hígado? 

Nos ayuda a disminuir la cantidad de tejido adiposo en el hígado, y además, en los tejidos periféricos reduciendo así la posibilidad de acumular toxinas.

¿Qué otras maneras hay de liberar toxinas, detoxificar , a parte de a través del hígado y deporte? 

RESPONDIDO EN ANTERIORES.



BIBLIOGRAFÍA:


Hall, J. E., & Guyton, A. C.). Guyton & Hall Compendio de fisiología médica. Barcelona: Elsevier, 11ª ed (2020). 

Pérez-Arellano, J.L. Sisinio de Castro. Manual de Patología general. Barcelona: Elsevier, 8ªed (2020).

https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/docs/documentos/publicaciones/seguridad_alimentaria/RECOMENDACIONES_consumo_pescado_MERCURIO_AESAN_WEB.PDF

https://www.aesan.gob.es/AECOSAN/docs/documentos/publicaciones/seguridad_alimentaria/recomendaciones_caza_silvestre.pdf

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Mortiz A. Limpieza hepática y vesicular. Obelisco. ISBN: 9788497777933

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Morisco F, Lembo V, Mazzone G, Camera S, Caporaso N. Coffee and Liver Health. 2014 [cited 2021 Oct 15]; Available from: www.jcge.com

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